Profundidad
Léxico y contexto
ACTO I · ESCENA 10

1.10 La llegada de Liseo: el retrato sin piernas y la barba

Casa de Octavio

redondillasabbavv. 851–950

Llega el pretendiente. Liseo aparece después de haber meditado en la venta de Illescas si renunciar al matrimonio. Se presenta a la familia, encuentra a Finea, y la escena se va deshaciendo en chistes a medida que la mujer va revelando su estado mental. Tres gags se encadenan: el retrato de Liseo que Finea había contemplado y que «no pasa del jubón» (v. 911); la inmediatez con que Finea declara «en mi cama caben los dos» delante del padre (vv. 891-892); y la limpieza brutal de la barba que ella ejecuta sobre el pretendiente (v. 971). Para el final de la escena, Liseo está deshecho y decidido a romper el compromiso.

CLARA.No hay pepitoria que tenga más menudencias de manos, tripas y pies. FINEA.Mi padre, como lo ves, anda en mil impertinencias. Tratado me ha de casar con un caballero indiano, sevillano o toledano. Dos veces me vino a hablar, y esta postrera sacó de una carta un naipecito muy repulido y bonito, y luego que le miró, me dijo: «Toma, Finea, ése es tu marido», y fuese. Yo, como, en fin, no supiese esto de casar qué sea, tomé el negro del marido, que no tiene más de cara, cuera y ropilla, mas Clara, ¿qué importa que sea pulido este marido o quién es, si todo el cuerpo no pasa de la pretina? Que en casa ninguno sin piernas ves. CLARA.¡Pardiez, que tienes razón! ¿Tiénesle ahí? FINEA.Vesle aquí. CLARA.¡Buena cara y cuerpo! FINEA.Sí; mas no pasa del jubón. CLARA.Luego éste no podrá andar. ¡Ay, los ojitos que tiene! FINEA.Señor, con Nise... CLARA.¿Si viene a casarte...? FINEA.No hay casar; que éste que se va de aquí tiene piernas, tiene traza. CLARA.Y más, que con perro caza; que el mozo me muerde a mí. OTAVIO.Por la calle de Toledo dicen que entró por la posta. NISE.Pues ¿cómo no llega ya? OTAVIO.Algo, por dicha, acomoda. ¡Temblando estoy de Finea! NISE.Aquí está, señor, la novia. OTAVIO.Hija, ¿no sabes? NISE.No sabe; que ésa es su desdicha toda. OTAVIO.Ya está en Madrid tu marido. FINEA.Siempre tu memoria es poca. ¿No me le diste en un naipe? OTAVIO.Ésa es la figura sola, que estaba en él retratado; que lo vivo viene agora. CELIA.Aquí está el señor Liseo, apeado de unas postas. OTAVIO.Mira, Finea, que estés muy prudente y muy señora. Llegad sillas y almohadas. LISEO.Esta licencia se toma quien viene a ser hijo vuestro. OTAVIO.Y quien viene a darnos honra. LISEO.Agora, señor, decidme: ¿quién es de las dos mi esposa? FINEA.¡Yo! ¿No lo ve? LISEO.Bien merezco los brazos. FINEA.Luego, ¿no importa? OTAVIO.Bien le puedes abrazar. FINEA.¡Clara! CLARA.¿Señora? FINEA.¡Aún agora viene con piernas y pies! CLARA.¿Esto es burla o jerigonza? FINEA.El verle de medio arriba me daba mayor congoja. OTAVIO.Abrazad vuestra cuñada. LISEO.No fue la fama engañosa, que hablaba en vuestra hermosura. NISE.Soy muy vuestra servidora. LISEO.Lo que es el entendimiento a toda España alborota. La divina Nise os llaman; sois discreta como hermosa, y hermosa con mucho estremo. FINEA.Pues ¿cómo requiebra a esotra, si viene a ser mi marido? ¿No es más necio? OTAVIO.¡Calla, loca! Sentaos, hijos, por mi vida. LISEO.¡Turín! TURÍN.¿Señor? LISEO.(¡Linda tonta!) OTAVIO.¿Cómo venís del camino? LISEO.Con los deseos enoja, que siempre le hacen más largo. FINEA.Ese macho de la noria pudierais haber pedido, que anda como una persona. NISE.Calla, hermana. FINEA.Callad vos. NISE.Aunque hermosa y virtüosa, es Finea deste humor. LISEO.Turín, ¿trajiste las joyas? TURÍN.No ha llegado nuestra gente. LISEO.¡Qué de olvidos se perdonan en un camino a crïados! FINEA.¿Joyas traéis? TURÍN.(Y le sobra de las joyas el principio, tanto el «jo» se le acomoda.)