Salen los académicos, queda Laurencio solo, y entonces hace algo inesperado: recita un soneto. Es el segundo soneto de la pieza, después del culterano de Duardo, y opera en sentido exactamente opuesto. Donde Duardo invocaba el amor angélico, Laurencio se dirige al Pensamiento con franqueza casi cínica para anunciar que va a cambiar de objeto amoroso. La sustitución de Nise (a quien cortejaba) por Finea (a quien va a cortejar) no se justifica con doctrina platónica: se justifica con cuarenta mil ducados. En el mismo acto coexisten la teoría más alta y la motivación más baja del amor. Aquí está la pieza más franca de su economía moral.
y, aunque honesto también, con ser hermoso,635PEDRO.¡Qué necio andaba en buscartefuera de aqueste lugar!636
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