Profundidad
Léxico y contexto
ACTO II · ESCENA 2

2.2 El parlamento del Amor inventor

Casa de Octavio

romance asonancia -ae-aevv. 1231–1364narración

Conversación nuclear de la academia. Laurencio, cuestionado por Nise sobre el origen del amor, despliega un parlamento extenso donde defiende al Amor como inventor universal de las artes. La pieza alcanza aquí uno de sus momentos teóricos más densos: el amor crea la palabra, la pintura, la música, la escultura, la arquitectura, la navegación, la ley, el comercio. La tesis es de raíz neoplatónica con ecos ovidianos, y prepara doctrinalmente el monólogo en décimas del Acto III. Laurencio, además, está ya enamorado de Finea y la defiende implícitamente: si el amor inventa todas las artes, también puede inventar a la dama.

LAURENCIO.Ya se han ido. ¿Podré yo, Nise, con mis brazos darte parabién de tu salud? NISE.¡Desvía, fingido, fácil, lisonjero, engañador, loco, inconstante, mudable; hombre que en un mes de ausencia —que bien merece llamarse ausencia la enfermedad— el pensamiento mudaste! Pero mal dije en un mes, porque puedes disculparte con que creíste mi muerte, y si mi muerte pensaste, con gracioso sentimiento, pagaste el amor que sabes, mudando el tuyo en Finea. LAURENCIO.¿Qué dices? NISE.Pero bien haces; tú eres pobre, tú, discreto; ella rica y ignorante; buscaste lo que no tienes, y lo que tienes dejaste. Discreción tienes, y en mí la que celebrabas antes dejas con mucha razón; que dos ingenios iguales no conocen superior; y ¿por dicha imaginaste que quisiera yo el imperio que a los hombres debe darse? El oro que no tenías, tenerle solicitaste enamorando a Finea. LAURENCIO.Escucha... NISE.¿Qué he de escucharte? LAURENCIO.¿Quién te ha dicho que yo he sido en un mes tan inconstante? NISE.¿Parécete poco un mes? Yo te disculpo, no hables; que la luna está en el cielo sin intereses mortales, y en un mes, y aun algo menos, está creciente y menguante. Tú en la tierra, y de Madrid, donde hay tantos vendavales de intereses en los hombres, no fue milagro mudarte. Dile, Celia, lo que has visto. CELIA.Ya, Laurencio, no te espantes de que Nise, mi señora, desta manera te trate; yo sé que has dicho a Finea requiebros... LAURENCIO.¡Que me levantes, Celia, tales testimonios! CELIA.Tú sabes que son verdades; y no sólo tú a mi dueño ingratamente pagaste, pero tu Pedro, el que tiene de tus secretos las llaves, ama a Clara tiernamente. ¿Quieres que más te declare? LAURENCIO.Tus celos han sido, Celia, y quieres que yo los pague. ¿Pedro a Clara, aquella boba? NISE.Laurencio, si le enseñaste, ¿por qué te afrentas de aquello en que de ciego no caes? Astrólogo me pareces, que siempre de ajenos males, sin reparar en los suyos, largos pronósticos hacen. ¡Qué bien empleas tu ingenio! «De Nise confieso el talle mas no es sólo el esterior el que obliga a los que saben.» ¡Oh, quién os oyera juntos!... Debéis de hablar en romances, porque un discreto y un necio no pueden ser consonantes. ¡Ay, Laurencio, qué buen pago de fe y amor tan notable! Bien dicen que a los amigos prueba la cama y la cárcel. Yo enfermé de mis tristezas y, de no verte ni hablarte, sangráronme muchas veces; ¡bien me alegraste la sangre! Por regalos tuyos tuve mudanzas, traiciones, fraudes; pero, pues tan duros fueron, di que me diste diamantes. Ahora bien. ¡Esto cesó! LAURENCIO.¡Oye, aguarda!... NISE.¿Que te aguarde? Pretende tu rica boba, aunque yo haré que se case más presto que tú lo piensas. LAURENCIO.¡Señora!... LISEO.(Esperaba tarde los desengaños; mas ya no quiere Amor que me engañe.) NISE.¡Suelta! LAURENCIO.¡No quiero! LISEO.¿Qué es esto? NISE.Dice Laurencio que rasgue unos versos que me dio, de cierta dama inorante, y yo digo que no quiero. LAURENCIO.Tú podrá ser que lo alcances de Nise; ruégalo tú. LISEO.Si algo tengo que rogarte, haz algo por mis memorias y rasga lo que tú sabes. NISE.¡Dejadme los dos! LAURENCIO.¡Qué airada! LISEO.Yo me espanto que te trate con estos rigores Nise. LAURENCIO.Pues, Liseo, no te espantes; que es defecto en los discretos, tal vez, el no ser afables. LISEO.¿Tienes qué hacer? LAURENCIO.Poco o nada. LISEO.Pues vámonos esta tarde por el Prado arriba. LAURENCIO.Vamos dondequiera que tú mandes. LISEO.Detrás de los Recoletos quiero hablarte. LAURENCIO.Si el hablarme no es con las lenguas que dicen, sino con las lenguas que hacen, aunque me espanto que sea, dejaré caballo y pajes. LISEO.Bien puedes. LAURENCIO.Yo voy tras ti. ¡Qué celoso y qué arrogante! Finea es boba y, sin duda, de haberle contado nace, mis amores y papeles. Ya para consejo es tarde; que deudas y desafíos a que los honrados salen, para trampas se dilatan, y no es bien que se dilaten. MAESTRO.¿Tan presto se cansa? FINEA.Sí.