Profundidad
Léxico y contexto
ACTO II · ESCENA 7

2.7 El nombre de lo que arde

Jardín o prado contiguo a la casa de Otavio

endecasílabos sueltos con pareadosvv. 1788–1824introspección lírica y diálogo amorosoredondillasabbavv. 1825–1860introspección lírica y diálogo amoroso

Conviven en esta escena dos movimientos que merecen distinguirse antes de entrar en el texto. Por un lado, Finea adquiere una palabra: «celos». Por otro, demuestra —en el mismo momento en que la adquiere— que ya sabía lo que esa palabra nombra. Ese es el truco dramático, y es el eje conceptual del segundo acto: la boba no aprende los sentimientos, los tiene; aprende a nombrarlos, que es otra cosa. Y nombrarlos no la cura.

La escena arranca en continuidad con la anterior: Laurencio se ha ido con Nise («ella se le lleva en fin»), y ese espectáculo ya arde en Finea antes de que Otavio interrumpa su soledad. El diálogo con el padre opera como espejo: Otavio cree que está educando a su hija; lo que hace es proporcionarle el vocabulario que necesita para articular lo que siente. La ironía de que sea el padre —y no Laurencio, ni Nise, ni ningún personaje del mundo amoroso— quien le enseñe la palabra «celos» es detalle cuidado: el amor entra en Finea por la vía menos probable, la del deber filial.

La segunda mitad pertenece a Finea sola y luego en pareja con Laurencio. Las redondillas (vv. 1825-1860) tienen una textura distinta a los endecasílabos que las preceden: son más rápidas, más íntimas, más expuestas. Finea, sola, habla en el metro que en la comedia lopesca se asigna al interior afectivo; cuando Laurencio entra, el diálogo en redondillas se convierte en un intercambio de acertijos sobre el remedio del amor, donde cada respuesta es una declaración cifrada y una trampa.

La escena es pivote porque cristaliza la transformación que se anunciaba desde el primer acto. Cuando Finea dice «yo estoy celosa de ti; / que ya sé lo que son celos» (vv. 1848-1849), la comedia da un giro irreversible: la boba ha nombrado su deseo. Lo que venga después —el disfraz, el ingenio, la conquista— estaba ya latente en este momento.

OTAVIO.Pues eso, ¿a qué propósito? FINEA.¿Enojado, no me dijiste aquí que era mal hecho abrazar a Laurencio? ¿Pues agora que me desabrazase le he rogado, y el abrazo pasado me ha quitado. OTAVIO.¿Hay cosa semejante? Pues di, bestia, ¿otra vez le abrazabas? FINEA.Que no es eso; fue la primera vez alzado el brazo derecho de Laurencio, aquel abrazo, y agora levantó, que bien me acuerdo, porque fuese al revés, el brazo izquierdo. Luego desabrazada estoy agora. OTAVIO.(Cuando pienso que sabe, más ignora; ello es querer hacer lo que no quiso Naturaleza.) FINEA.Diga, señor padre, ¿cómo llaman aquello que se siente cuando se va con otro lo que se ama? OTAVIO.Ese agravio de amor, "celos" se llama. FINEA.¿Celos? OTAVIO.¿Pues no lo ves que son sus hijos? FINEA.El padre puede dar mil regocijos y es muy hombre de bien, mas desdichado en que tan malos hijos ha crïado. OTAVIO.(Luz va tiniendo ya. Pienso y bien pienso que si Amor la enseñase, aprendería.) FINEA.¿Con qué se quita el mal de celosía? OTAVIO.Con desenamorarse, si hay agravio, que es el remedio más prudente y sabio; que mientras hay amor ha de haber celos, pensión que dieron a este bien los cielos. ¿Adónde Nise está? FINEA.Junto a la fuente, con Laurencio se fue. OTAVIO.¡Cansada cosa! Aprenda noramala a hablar su prosa, déjese de sonetos y canciones; allá voy, a romperles las razones. FINEA.¿Por quién, en el mundo, pasa esto que pasa por mí? ¿Qué vi denantes, qué vi, que así me enciende y me abrasa? Celos dice el padre mío que son. ¡Brava enfermedad! LAURENCIO.(Huyendo su autoridad, de enojarle me desvío; aunque, en parte, le agradezco que estorbase los enojos de Nise. Aquí están los ojos a cuyos rayos me ofrezco.) ¿Señora? FINEA.Estoy por no hablarte. ¿Cómo te fuiste con Nise? LAURENCIO.No me fui porque yo quise. FINEA.Pues ¿por qué? LAURENCIO.Por no enojarte. FINEA.Pésame si no te veo, y en viéndote, ya querría que te fueses, y a porfía anda el temor y el deseo. Yo estoy celosa de ti; que ya sé lo que son celos; que su duro nombre -¡ay cielos!- me dijo mi padre aquí; mas también me dio el remedio. LAURENCIO.¿Cuál es? FINEA.Desenamorarme; porque podré sosegarme quitando el amor de en medio. LAURENCIO.Pues eso, ¿cómo ha de ser? FINEA.El que me puso el amor me le quitará mejor. LAURENCIO.Un remedio suele haber. FINEA.¿Cuál? LAURENCIO.Los que vienen aquí al remedio ayudarán. PEDRO.Finea y Laurencio están juntos. FENISO.Y él fuera de sí.