Profundidad
Léxico y contexto
ACTO II · ESCENA 6

2.6 El desabrazo: Finea pide a Laurencio que le quite los ojos

Casa de Octavio

redondillasabbavv. 1668–1787

La escena más cómica del Acto II, y una de las más filosóficamente densas de toda la pieza. Finea ha aprendido la doctrina de los espíritus visivos que Laurencio le enseñó en la escena 1.9. Y la ha aprendido al pie de la letra. Por eso, cuando Nise le advierte que Laurencio está prometido a otra y que ella no debe pensar en él, Finea decide deshacer materialmente lo que el galán había hecho: pide que le quite los ojos del cuerpo (con un pañuelo), que le retire el alma que le pasó al pecho, y que le desabrace (deshacer un abrazo previo). La doctrina neoplatónica es tomada por Finea como ciencia operativa, y la escena se convierte en teatro físico cómico.

La escena pide lectura cuidadosa: debajo del gag está la lección epistemológica más radical de la pieza. Si la doctrina es real, sus efectos son reversibles; y si los efectos son reversibles, la materialidad del amor es comprobable. Finea, por instinto, conduce un experimento empirista sobre la teoría platónica.

FINEA.De que eso digas, me ofendo. Yo soy la que siempre he sido. NISE.Yo te vi menos discreta. FINEA.Y yo más segura a ti. NISE.¿Quién te va trocando ansí? ¿Quién te da lición secreta? Otra memoria es la tuya. ¿Tomaste la anacardina? FINEA.Ni de Ana, ni Catalina, he tomado lición suya. Aquello que ser solía soy; porque sólo he mudado un poco de más cuidado. NISE.¿No sabes que es prenda mía Laurencio? FINEA.¿Quién te empeñó a Laurencio? NISE.Amor. FINEA.¿A fe? Pues yo le desempeñé, y el mismo Amor me le dio. NISE.¡Quitarete dos mil vidas, boba dichosa! FINEA.No creas que si a Laurencio deseas, de Laurencio te dividas. En mi vida supe más de lo que él me ha dicho a mí; eso sé y eso aprendí. NISE.Muy aprovechada estás; mas de hoy más no ha de pasarte por el pensamiento. FINEA.¿Quién? NISE.Laurencio. FINEA.Dices muy bien. No volverás a quejarte. NISE.Si los ojos puso en ti, quítelos luego. FINEA.Que sea como tú quieres. NISE.Finea, déjame a Laurencio a mí. Marido tienes. FINEA.Yo creo que no riñamos las dos. NISE.Quédate con Dios. FINEA.Adiós. ¡En qué confusión me veo! ¿Hay mujer más desdichada? Todos dan en perseguirme... LAURENCIO.(Detente en un punto firme, Fortuna veloz y airada, que ya parece que quieres ayudar mi pretensión. ¡Oh, qué gallarda ocasión!) ¿Eres tú, mi bien? FINEA.No esperes, Laurencio, verme jamás. Todos me riñen por ti. LAURENCIO.Pues ¿qué te han dicho de mí? FINEA.Eso agora lo sabrás. ¿Dónde está mi pensamiento? LAURENCIO.¿Tu pensamiento? FINEA.Sí. LAURENCIO.En ti; porque si estuviera en mí, yo estuviera más contento. FINEA.¿Vesle tú? LAURENCIO.Yo no, jamás. FINEA.Mi hermana me dijo aquí que no has de pasarme a mí por el pensamiento más; por eso allá te desvía, y no me pases por él. LAURENCIO.Piensa que yo estoy en él, y echarme fuera querría. FINEA.Tras esto dice que en mí pusiste los ojos. LAURENCIO.Dice verdad; no lo contradice el alma que vive en ti. FINEA.Pues tú me has de quitar luego los ojos que me pusiste. LAURENCIO.¿Cómo, si en Amor consiste? FINEA.Que me los quites te ruego, con ese lienzo, de aquí, si yo los tengo en mis ojos. LAURENCIO.No más; cesen los enojos. FINEA.¿No están en mis ojos? LAURENCIO.Sí. FINEA.Pues limpia y quita los tuyos, que no han de estar en los míos. LAURENCIO.¡Qué graciosos desvaríos! FINEA.Ponlos a Nise en los suyos. LAURENCIO.Ya te limpio con el lienzo. FINEA.¿Quitástelos? LAURENCIO.¿No lo ves? FINEA.Laurencio, no se los des, que a sentir penas comienzo. Pues más hay: que el padre mío bravamente se ha enojado del abrazo que me has dado. LAURENCIO.(¿Mas que hay otro desvarío?) FINEA.También me le has de quitar; no ha de reñirme por esto. LAURENCIO.¿Cómo ha de ser? FINEA.Siendo presto. ¿No sabes desabrazar? LAURENCIO.El brazo derecho alcé, tienes razón, ya me acuerdo, y agora alzaré el izquierdo y el abrazo desharé. FINEA.¿Estoy ya desabrazada? LAURENCIO.¿No lo ves? NISE.¡Y yo también! FINEA.Huélgome, Nise, tan bien; que ya no me dirás nada. Ya Laurencio no me pasa por el pensamiento a mí; ya los ojos le volví, pues que contigo se casa. En el lienzo los llevó; y ya me ha desabrazado. LAURENCIO.Tú sabrás lo que ha pasado con harta risa. NISE.Aquí no. Vamos los dos al jardín, que tengo bien que riñamos. LAURENCIO.Donde tú quisieres, vamos. FINEA.Ella se le lleva en fin. ¿Qué es esto, que me da pena de que se vaya con él? Estoy por irme tras él... ¿Qué es esto que me enajena de mi propia libertad? No me hallo sin Laurencio... Mi padre es éste; silencio. Callad, lengua; ojos, hablad. OTAVIO.¿Adónde está tu esposo? FINEA.Yo pensaba que lo primero, en viéndome, que hicieras fuera saber de mí si te obedezco.