Profundidad
Léxico y contexto
ACTO III · ESCENA 3

3.3 El amor que viene de Panamá

Casa de Octavio, sala principal

canción con estribillovv. 2221–2280música y baile

Esta es la demostración pública de que Finea ha llegado. En el Acto I no podía distinguir la A de la sílaba; aquí dirige, bailando, la sátira social más sostenida de toda la comedia. Lope no le da un discurso filosófico para probar su transformación: le da una canción de moda, con estribillo repetido y elenco de modas coloniales, que el corral entendía sin necesidad de mediación letrada. La sabiduría de Finea se expresa en el mismo idioma que el patio — el chiste sobre el indiano presumido, el guante perfumado, la sotanilla turca — y por eso su cambio resulta legible para todos los espectadores, no solo para quienes siguen el debate neoplatónico que ha conducido la acción hasta aquí.

El tema de la canción es también el tema de la obra: qué vale más en el amor, el dinero o la gracia. Amor se ha cansado de que las damas lo desprecien por desnudo y pobre, ha ido a las Indias, ha vuelto con doblones y cadenas de oro, y ahora es perseguido por niñas, doncellas y viejas que compiten entre sí para quedárselo primero. El argumento es una inversión exacta de la trayectoria de Finea: ella eligió a Laurencio sin dinero ni título, contra la voluntad de todos. Que sea ella quien baile la sátira del amor interesado tiene un sabor particular que la audiencia de 1613 recibía sin que Lope tuviera que formularlo.

La canción tiene dos tiempos distintos. El primero, dominado por el estribillo «Viene de Panamá», es inventario de admiración: un catálogo de prendas, gestos y actitudes del indiano que las damas celebran. El segundo, con el estribillo «Que yo me las varearé», invierte el tono: las mismas mujeres compiten ferozmente por un hombre al que ya describen como viejo, cobarde y fanfarrón. La forma musical no cambia; el contenido sí. Esa continuidad formal sobre un contenido crecientemente grotesco es el mecanismo de la canción, y también su comentario implícito sobre cómo funciona el deseo cuando lo gobierna el interés.

vendió el aljaba, que más quiere doblones que vidas y almas. Trató en las Indias Amor, no en joyas, seda y holandas, sino en ser sutil tercero de billetes y de cartas. Volvió de las Indias con oro y plata; que el Amor bien vestido rinde las damas. Paseó la corte Amor con mil cadenas y bandas; las damas, como le vían, desta manera le hablan: ¿De dó viene, de dó viene? Viene de Panamá. ¿De dó viene el caballero? Viene de Panamá. Trancelín en el sombrero. Viene de Panamá. Cadenita de oro al cuello. Viene de Panamá. En los brazos el griguiesco. Viene de Panamá. Las ligas con rapacejos. Viene de Panamá. Zapatos al uso nuevo. Viene de Panamá. Sotanilla a lo turquesco. Viene de Panamá. ¿De dó viene, de dó viene? Viene de Panamá. ¿De dó viene el hijodealgo? Viene de Panamá. Corto cuello y puños largos. Viene de Panamá. La daga, en banda, colgando. Viene de Panamá. Guante de ámbar adobado. Viene de Panamá. Gran jugador del vocablo. Viene de Panamá. No da dinero y da manos. Viene de Panamá. Enfadoso y mal crïado. Viene de Panamá. Es Amor, llámase indiano. Viene de Panamá. Es chapetón castellano. Viene de Panamá. En criollo disfrazado. Viene de Panamá. ¿Do dó viene, de dó viene? Viene de Panamá. ¡Oh, qué bien parece Amor con las cadenas y galas; que sólo el dar enamora, porque es cifra de las gracias! Niñas, doncellas y viejas van a buscarle a su casa, más importunas que moscas en viendo que hay miel de plata. Sobre cuál le ha de querer, de vivos celos se abrasan, y alrededor de su puerta unas tras otras le cantan: ¡Deja las avellanicas, moro, que yo me las varearé! El Amor se ha vuelto godo. Que yo me las varearé. Puños largos, cuello corto. Que yo me las varearé. Sotanilla y liga de oro. Que yo me las varearé. Sombrero y zapato romo. Que yo me las varearé. Manga ancha, calzón angosto. Que yo me las varearé. El habla mucho y da poco. Que yo me las varearé. Es viejo, y dice que es mozo. Que yo me las varearé. Es cobarde y mata moros. Que yo me las varearé. Ya se descubrió los ojos. Que yo me las varearé. ¡Amor loco y amor loco! Que yo me las varearé. ¡Yo por vos, y vos por otro! Que yo me las varearé. ¡Deja las avellanicas, moro, que yo me las varearé!» MISENO.Gallardamente, por cierto. Dad gracias al cielo, Otavio,